Recientemente se han publicado varias informaciones periodísticas que han levantado cierto revuelo en la comunidad educativa a propósito de choques de puntos de vista en el ámbito de la educación. Las discrepancias entre partidarios de unas y otras perspectivas pedagógicas no son algo nuevo, pero el debate se ha vuelto más abierto y más frontal.

Probablemente el fuego comenzó con un artículo publicado en el diario El Mundo que, directamente, titulaba Guerra en la escuela: autoridad y conocimientos frente a creatividad y habilidades. Se publicaron muchas respuestas, especialmente en blogs educativos; una de las más interesantes fue la del profesor Juanfra Álvarez con su entrada La nueva educación contra la nueva educación. Hasta José Antonio Marina intervino con su rotundo artículo Las críticas a la pedagogía o el desastre que se está cometiendo en la educación española.

El debate ha surgido también al calor de varios libros publicados recientemente, y que se muestran muy beligerantes desde su mismo título, como Contra la nueva educación, del profesor Alberto Royo, y La conjura de los ignorantes. De cómo los pedagogos han destruido la enseñanza, del profesor Ricardo Moreno Castillo.

El debate es serio y profundo, y resulta difícil resumirlo en pocas líneas. No es el objetivo de este texto. Lo que queda claro, en todo caso, es que hay maneras muy distintas de entender qué es la educación, y que la confrontación se está haciendo ahora más abierta. Por cierto que es muy buen momento para un debate en torno a la educación, porque se está recuperando la posibilidad de alcanzar un necesario pacto educativo entre los distintos partidos políticos que, como no podría ser de otra manera, desde iteNlearning apoyamos fervientemente.

Estas diferentes maneras de entender qué es la educación pueden ser más excluyentes o menos entre sí, alternativas o complementarias en según qué casos. No entraremos ahora en ello. Pero la confrontación muestra que la educación puede contemplarse como un arte más que como una ciencia, a pesar de que los futuros docentes se forman en la universidad en facultades de Ciencias de la Educación. Y precisamente a esta línea es donde debería tenderse.

El diálogo siempre es bueno, y todas las ciencias progresan precisamente gracias a ello. Pero hay algo que marca la diferencia entre un debate que puede resultar poco constructivo o un intercambio enriquecedor, y es la búsqueda de un conocimiento común: elementos que puedan resultar válidos para cualquier participante en el diálogo. Y esa es precisamente la base sobre la que se levanta la ciencia, en todas sus disciplinas.

En este sentido, resulta necesario que la educación también se comporte como una ciencia, donde habrá debate pero siempre buscando evidencias intersubjetivas y replicables. Todas las teorías pedagógicas deben pasar este filtro, desde los estilos de aprendizaje a cualquier otra idea, especialmente en los casos en que se han demostrado falsas, como ciertos mitos muy populares en educación.

 

 

 

 

Fotografía de Clarissa Rodrígues González, extraída del Banco de Imágenes y Sonidos del INTEF.

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